Monumento para P.I.

Sé de buena tinta que quieren hacer un monumento, pero no encontraban un modelo que pueda considerarse ideal. No se daban cuenta de que lo tienen ante sus narices. Y con coletas.

El monumento es a la estupidez, claro. No podía ser otra cosa y es urgente que se haga, para que la gente se dé cuenta de que no es inocua, sino que perjudica mucho a todos. La gente se cree que no pasa nada por ser estúpido y bajo este supuesto ingresa en la orden y se pone a hacer y decir estupideces sin pausa y sin noción del peligro. Esto hay que frenarlo.

Tienen el modelo, porque no puede haber nadie más estúpido que él. Igual, sí. Quienes le votan, porque hay que ser estúpido para votar a alguien que quiere arruinarnos a todos y que, aunque pretendiera lo contrario, nos arruinaría igual. No tiene vuelta de hoja. Cualquiera con dos dedos de frente que se haya enterado, y no hay más remedio que enterarse, de sus desvaríos, sandeces y villanías, lo sabe.

Aparte de sus significativas coletas, cuya forma y vuelo no dejan lugar a dudas, se rodea de gente tan cursi y tramposa como el tal Monedero, cuyo apellido quizá le resulte tan apropiado como a aquel otro de Rufián, tan parecido a ellos, por otra parte, y también de un zangolotino, como es Errejón, y de otras personas tan bastas como Montero, Sánchez, Bescansa o Espinar.

Iglesias, gran amigo de Otegui y quizá de otros etarras, emplea la palabra fascista con total desfachatez. Él, que admira a Hugo Chávez, que considera que los presos políticos venezolanos son delincuentes y presuntos delincuentes españoles son presos políticos, él, que nunca hará una condena formal del régimen venezolano dirigido ahora por Maduro, que jamás hará una condena formal del régimen iraní, por más homosexuales que ahorque, es el modelo ideal. Dense prisa.

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