El gobierno, sin piedad

Se vale de estadísticas, que rebusca en cualquier lugar, para justificar sus desmanes impositivos, su voracidad criminal. Hay colas del hambre, como no se cansaba de repetir uno de los suyos que al final ha sido uno de los auténticos chivos expiatorios de Sánchez, pero al gobierno no se le ocurre otra que programar una subida sideral de impuestos.

Sánchez vive entre Falcones y algodones y, como buen psicópata, no se preocupa por el sufrimiento de otros.

Lo del que se ha adjudicado, sin méritos para ello, lo del chivo expiatorio tiene gracia, porque se le asimila a otro animal. No puede ser chivo expiatorio porque se ha pasado todo el tiempo haciendo el mal e insultando. En cambio, lo de Gabilondo, lo de Franco… En fin, corramos un tupido velo.

Este gobierno se sirve de unas estadísticas, pero al mismo tiempo olvida decir que los contribuyentes españoles sufragan Falcones, niñeras, coches oficiales, sindicatos, medios, ong, televisiones regionales, etcétera. Los contribuyentes españoles pagan muchos caprichos, y se conoce que los caprichos son sagrados, porque este gobierno que piensa en los pobres, porque es izquierda y de extrema izquierda, o sea, que además piensa en las mujeras, mujeres, mujeros, y en los oprimidos de género y génera, ha decidido multiplicar el número de pobres y pobras, subiendo exageradamente los impuestos y, atención, para que vaya más gente al paro, podrá un impuesto por circular por carretera.

Es impagable lo que hacen estas gentes de la extrema izquierda y de la izquierda a secas -esta es una idea que le ofrezco a Lastra, que no tiene ninguna otra más que la obediencia, también a secas- por multiplicar el número de pobres. Y pobras.

Isabel Díaz Ayuso va contra corriente. No se ha enterado, o no se ha querido enterar, de la tendencia que marca el patán psicópata que es el presidente del gobierno, y ha optado por bajar los impuestos. Veremos qué pasa.

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