Pedro Sánchez como Johnny Weissmüller

Cuentan las crónicas que Johnny Weissmüller andaba dando berridos como si fuera Tarzán y estuviera en la selva. Del mismo modo, Pedro Sánchez, en la mitad de la jornada electoral se marcó un mitin, ajeno a cualquier norma y a los gritos de ¡fuera, fuera! que le prodigaban.

No tiene remedio. Puede presagiarse que cuando ya no esté en La Moncloa, porque el ciclón Ayuso haya acabado con su carrera política, seguirá dando mítines, como el boxeador sonado lanza golpes a un rival imaginario.

De hecho, podría asegurarse con la confianza de acertar de lleno que los insultos que Calvo y Ábalos, esos dos bastiones de la desvergüenza, prodigaron a los madrileños que no votaron a su señorito, contentar a éste. Dijeron lo que él necesitaba oír y si con ello se ganaron la chufla del personal, pensaron que había merecido la pagar ese precio para seguir conservando la confianza del amo. ¡Ah!, pero cuando el amo ya no lo sea, veremos qué pasa. O ya se sabe: estarán a disposición del siguiente.

El caso es que Madrid marca tendencia, por variadas razones de índole cultural, toda vez que Barcelona ha dejado el campo libre en esta cuestión y Valencia no llega. Y con el tipo del peluquín al mando, menos.

Madrid marca tendencia y el rechazo que suscita Pedro Sánchez se ha de expandir por toda España, porque la incompetencia tiene consecuencias.

Incapaz de ver la realidad, le plantea batalla a Susana Díaz sin darse cuenta de que puede llevarse un revolcón similar al de Madrid. No se entera de que en Sevilla Alfonso Guerra y Felipe González pueden tener algún ascendiente y que la sucesión de acontecimientos desencadenados a causa de su torpeza, puede llevar a que su fin político esté cerca.

Cuando se dé el caso, nadie le sujetará los espejos, pero lo hará él mismo.

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